La pequeña pausa
Faltan ocho minutos para que llegue alguien. La habitación está en silencio. Tu mano busca el teléfono antes de que hayas decidido qué quieres hacer. A mí también me pasa. Un teléfono puede contener un libro, un dibujo, una conversación o una canción. Aun así, me pregunto por esa pausa pequeña que desaparece antes de que empiece cualquiera de esas cosas.
Lo que muestran realmente los estudios
Es tentador afirmar que antes la gente tenía más imaginación y que los teléfonos se la quitaron. No contamos con buenas pruebas de un declive histórico de la imaginación. En un experimento de 2012, una tarea sencilla que permitía divagar mejoró después el desempeño en un tipo de problema creativo. Investigaciones posteriores han encontrado resultados variados. El espacio mental libre podría ayudar en algunas tareas; aburrirse no vuelve brillante a nadie automáticamente.
El teléfono, el descanso y la sensación del tiempo
En un experimento de 2019 con 414 participantes, una pausa con el teléfono fue seguida por un peor resultado en rompecabezas de anagramas que otras pausas. Es un estudio breve, no un veredicto sobre cualquiera que mire una pantalla. La investigación sobre la espera también ha encontrado que quienes no tienen nada que hacer pueden aburrirse más y sentir que el tiempo pasa más despacio que quienes usan el teléfono o hacen un rompecabezas. Esa sensación inmediata no demuestra que los teléfonos hagan que, al mirar atrás, los años parezcan más cortos.
Un poco de espacio para pensar
A veces abrir algo es justo lo que queremos. Otras veces parece que contratamos a un desconocido para llenar cada silencio de la mente. Un ensueño puede no servir para nada; también puede ayudar a poner nombre a una preocupación o dejar que una idea llegue de lado. No hace falta tratar el aburrimiento como una cura para pensar que vale la pena conservar un poco de espacio mental. La próxima vez que tengas ocho minutos, ¿y si el primero te pertenece?